
Hay sucesos que ocurren como tragedia, como accidente, como fatalidad y también como desenlace de una presión insostenible....Si vemos al rock como reflejo de un momento, como espejo hasta de lo que no se ve, la tragedia en Cromañón fue una tragedia nacional, la tragedia de sentir que está todo perdido, que alrededor, arriba y abajo todo es corrompido y que la única que quedaba para los espíritus jóvenes de clase media-baja rodeados de la niebla era gritar la furia, no quedarse quieto, iluminar el entorno por lo menos con una bengala...escribir en el cielo ACA ESTOY
“El rock vive de mi” dicen los Victoria Mil y es verdad, la corporación rock vive de la energía que le ponen miles de seguidores, miles de desencantados con la realidad que huyen y a la vez quieren saber más, quieren beber de la fuente de la verdad por mas que la tenga un tipo con guitarra y cuero..que es uno de ellos pero arriba de un escenario...Y acá empieza la confusión de roles, la necesidad de solo sobresalir porque es el único lugar donde sos un igual entre tus pares, hasta el pogo cumple la función de acercar, unir, apretar corazones desconocidos que solo quieren sentir su fuego avivarse..
La confusión es querer ser protagonista de algo que le pertenece a otro, algo que es el resultado del esfuerzo sostenido de ser una banda que canta canciones...Ser protagonista es resaltarse, destacarse, brillar por un momento.
La tragedia paradójicamente nos hermano a todos en una noche, en cada hogar argentino se sintió la explosión de esta presión insostenible de apriete económico y social que resulta en desesperanza y descontrol, y esto sabemos que sentirlo entre los 15 y los 20 años es tremendo, si ya pasaste esta edad te acordas no? Esperabas un recital, un fin de semana como a un barco que te pasaba a buscar para ir lejos de casa lejos del país, lejos del mundo..
El 31 de diciembre del 2004 los náufragos de un barco llamado Callejeros no aguantaban mas el viaje, no veían llegar nunca la costa, no había agua dulce y quemaron la nave...
Fernando Rabbia
“El rock vive de mi” dicen los Victoria Mil y es verdad, la corporación rock vive de la energía que le ponen miles de seguidores, miles de desencantados con la realidad que huyen y a la vez quieren saber más, quieren beber de la fuente de la verdad por mas que la tenga un tipo con guitarra y cuero..que es uno de ellos pero arriba de un escenario...Y acá empieza la confusión de roles, la necesidad de solo sobresalir porque es el único lugar donde sos un igual entre tus pares, hasta el pogo cumple la función de acercar, unir, apretar corazones desconocidos que solo quieren sentir su fuego avivarse..
La confusión es querer ser protagonista de algo que le pertenece a otro, algo que es el resultado del esfuerzo sostenido de ser una banda que canta canciones...Ser protagonista es resaltarse, destacarse, brillar por un momento.
La tragedia paradójicamente nos hermano a todos en una noche, en cada hogar argentino se sintió la explosión de esta presión insostenible de apriete económico y social que resulta en desesperanza y descontrol, y esto sabemos que sentirlo entre los 15 y los 20 años es tremendo, si ya pasaste esta edad te acordas no? Esperabas un recital, un fin de semana como a un barco que te pasaba a buscar para ir lejos de casa lejos del país, lejos del mundo..
El 31 de diciembre del 2004 los náufragos de un barco llamado Callejeros no aguantaban mas el viaje, no veían llegar nunca la costa, no había agua dulce y quemaron la nave...
Fernando Rabbia
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